El Beso.

Por: Daniel Lerma Vilanova

 

El beso y el lenguaje tienen una cosa en común; la boca. El beso es un acto en el que intervienen dos sujetos, uno que realiza la acción, es decir; el que lo da, y otro que lo recibe.

Hay muchos tipos de besos, por ejemplo:

El beso por contacto y, otros, en los que no ha sido preciso el contacto, simplemente se han dado al aire, o enviados por correo, wasap, teléfono, morse o telégrafo.

El beso puede ser consentido o robado.

A lo largo de la historia, hemos tenido conocimiento del uso que le han dado, distintas personalidades o grupos, en distintos países, pondré unos ejemplos:

  1. El beso de la muerte que utilizaban, no creo que ahora sea una práctica normalizada, la mafia italiana. El capo besaba a uno que sospechaba sería un traidor y que días más tarde caería asesinado por uno de la banda.
  2. El beso que se daban en la boca los políticos de la antigua U.R.S.S., cuando se encontraban en algún mitin o reunión, de aquella órbita comunista (algunos malpensados con ganas de zaherir, vieron en ese gesto un indicio del derrumbamiento de aquella gran potencia de repúblicas soviéticas).
  3. El beso traicionero de Judas Iscariote a Jesús de Nazaret en la Santa Cena.

El beso se puede dar en la boca, simplemente acercando los labios a los del otro u otra. En la cara. En la frente, o como el personaje descrito en la novela de Bram Stoker, el conde Drácula, en el cuello, para satisfacer su sed de sangre (aunque más bien iba acompañado de mordiscos incisivos). Naturalmente que se puede dar en cualquier otro lugar del cuerpo, pero paso de dar detalles, allá cada cual con su imaginación o fantasía.

Está comprobado también, aunque yo no tenga mucha experiencia sobre lo que voy a decir, bueno algo tengo, pero tampoco voy a ir de prepotente, que, al besar en la boca a una persona, durante más de tres minutos y dejarla sin respiración, provoca un placer inmenso (lo recomiendo) te conviertes en el puto rey si el que aguantas eres tú y eso da mucho, mucho placer.

Algunos creen, que el beso, está claramente relacionado con los alimentos que necesitamos, cuando somos bebes. Al nacer, nuestro instinto primario, es acercarnos a la teta de nuestra madre, para recibir el alimento que necesitamos y, ese acto reflejo de abrir la boca para succionar del pecho el alimento que necesitamos, permanece a lo largo de nuestra vida estableciéndose una relación, entre la necesidad de alimentarnos, y el placer que experimentamos al hacerlo.

Y, creo que eso es cierto, al menos en mi caso. Cuando nací mi madre se quedó “seca” y yo, tenía mucha hambre, así que recurrieron a una vecina que había tenido un bebé y tenía suficiente leche materna para dos. Todavía recuerdo el nombre de mi nodriza, se llamaba Pura, y cada vez que oigo la canción de Carlos Mejías Godoy y los de Palacagüina; “Son tus perjúmenes, mujer”. Me acuerdo mucho de ella, sobretodo la parte que dice;<< tus pechos cántaros de miel>>. Sí, la echo mucho de menos.

Por eso, el beso, se puede considera un acto preliminar, de todos los seres vivos, no solo de los humanos, sino de todas las especies que culminaría la mayoría de las veces, en un coito, apareamiento, cópula o unión.

Destaco una curiosidad científica en esta práctica, los bonobos son la única especie junto a los humanos que copula cara a cara, (tan bobos no deben ser, digo yo).

Os podría hablar de alguna experiencia personal y convertirla en un pequeño relato, pero no me atrevo. La última vez que leí algo que había escrito sobre el beso, advertí a las oyentes, que no serían capaces de sostenerme la mirada, durante medio minuto, sin que sintiesen ganas de besarme. Os preguntaréis ¿pero eso te ha sucedido? Y os responderé que sí. Y, que eso, además, lo tengo muy presente cuando la concurrencia es heterogénea, de ahí que no lo haya hecho en esta ocasión.