La Cocina

 

Por: Daniel Lerma Vilanova

 

Teresa y Damián estaban jubilados. Teresa quería que su marido le dijera te quiero y no solo cuando hacían el amor los sábados por la noche y/o los domingos por la mañana. Con el paso de los años, esas faltas de expresión fueron dejando una huella de vacío en su corazón. Ya no estaba segura de que él la quisiera. Su vida matrimonial se había convertido en una rutina. Sus hijos ya mayores se habían emancipado y notaba una gran indiferencia a su alrededor. Damián, su marido era el único con el que podía hablar en casa y a veces tenía la sensación de que no la escuchaba. Sus quehaceres después de jubilarse se limitaban a ir a la compra preparar la comida, limpiar su hogar del polvo acumulado.

Sus únicas aficiones se concretaban en recorrer los diez kilómetros de ida y vuelta hasta la playa cercana a su hogar recomendada por su doctora de cabecera para regular su tensión arterial y dos viajes al año con el IMSERSO, pero todo eso en conjunto no la acababa de satisfacer. Necesitaba sentirse querida, plena y eso no lo conseguía con su actual forma de vida.

Damián se había tomado su nueva situación de otra manera. Se había jubilado a la edad que le correspondía y en contra de la opinión de sus jefes y de muchos amigos de que esa decisión le perjudicaría y caería en una depresión. En cuanto a la independencia de sus hijos, la contemplaba como una oportunidad para que crecieran y se hicieran un hueco en la vida. Rompían el cordón umbilical. Les haría más fuertes.

En cuanto a él, tuvo que organizar su vida. Ya no tenía que preocuparse por ir a trabajar y el tiempo de ocio lo ocupó en hacer aquellas cosas que siempre le había gustado hacer y que no había hecho por falta de tiempo. Leer, hacer cualquier tipo de ejercicio además de andar con su mujer hasta la playa, viajar y escribir sus memorias. Se apuntó a la biblioteca cercana a su casa. A un centro municipal para hacer yoga y se reunía de vez en cuando con un grupo de aficionados a la escritura y lectura. Era feliz. Había descubierto que después del trabajo existía otro mundo y ese mundo le satisfacía enormemente. Le estimulaba intelectualmente y sus niveles de serotonina habían subido hasta tal punto que ya no tenía que esperar al sábado o al domingo para hacer el amor con su mujer. Claro que eso, era cosa de dos.

—ya no me abrazas Damián—

—como que no te abrazo Teresa, ¡ven aquí!

—¡no, ahora no vale! Si no te lo digo no lo haces—

—pero cariño, si a veces lo hago y tú me dices que siempre busco lo mismo.

—¡claro!, porque me abrazas y te siento excitado—

—ya, pero ¿eso es malo? No ves que me pones a cien mi amor—

—pero yo quiero otra clase de cariño—

—¿otra clase de cariño? ¿cómo cuál? No te entiendo—

—pues, que me abraces y me digas cuanto me quieres, pero sin restregarte tanto. Una caricia cariñosa no tiene que ir acompañada de sexo—

— Vale, lo intentaré, pero es que mi…hermano pequeño va por su cuenta—

—y otra cosa, me gustaría que alguna vez tuvieras algún detalle—

—¿Cómo cuál?

—que me cocinaras tú, alguna cosa, algo que me sorprenda—

—pero si tú cocinas de maravilla, ya sabes que mi tarea es poner y recoger la mesa, ponerte el café, lavar los platos y las veces que he cocinado siempre me has puesto alguna pega—

—es igual, pero quiero que lo hagas—

—de acuerdo lo haré, pero te lo voy a preguntar procurando rimar, ¡ahí va, escucha!

Hoy cocino para ti, mi amor

¿Qué te apetece?

¿gambas al ajillo, almejas a la marinera o mejillones al vapor?

Las gambas al ajillo están de rechupete

Si quieres almejas a la marinera

están muy buenas, las hago de primera

Si prefieres mejillones al vapor

No probarás nada mejor

¿Qué te apetece cariño?

¿hacemos un pica-pica y abrimos un albariño?

¿y de segundo que te apetece cielo?

¿carne o pescado?, elige… sin recelo

Entrecot de ternera o salmonete

No te quejarás ¡vaya banquete!

También tengo chuletón

Pero quizás sea demasiado, por lo de la digestión.

¡Mira!, si descartas entrecot y chuletón

Puedes elegir salmonetes al horno, con limón

Tú eliges mi amor.

Pero si quieres que te sorprenda

dímelo sin rubor

yo haré la elección, a mí no me duelen prendas

Ponte cómoda y disfruta

¡ah!, se me olvidaba de postre ¡nada de fruta!

Será una exquisitez. He pensado en un helado

con salsa de chocolate acompañado.

Después pondremos música ambiental

Algo…suave, que podamos hablar

Y como a esas alturas me habré quitado el delantal

Te daré un abrazo… y a bailar

Y eso es todo lo que te puedo ofrecer… de momento

¿Qué te parece, mi cielo? ¿te causo tormento?

No mi amor, me has convencido, ya puedes empezar,

Veo que el tiempo no has perdido

Y puesto que te has comprometido

por mi parte no te he de fallar.