Velasco y sus circunstancias.

Por: Daniel Lerma Vilanova

Antes de empezar a leer quiero advertir del lenguaje ordinario de este texto que puede herir la sensibilidad de los oyentes.

 

Preámbulo:

 

(En la sala de actos o teatro de la cárcel de Can Brians, tres presos; Velasco, Luís y Juan, que conviven en el mismo módulo se disponen a interpretar una pequeña obra de teatro, dirigida por un asesor externo; el dramaturgo Enrique Infantes, contratado por el gobierno como parte de un programa social de reinserción de presos).

Comienza la sesión:

Primer ensayo. En un escenario de dos ambientes; un cadáver dentro de un coche asesinado de un tiro en la cabeza y en el otro; dos personas, que conocen a la víctima, hablando en un bar, sobre el suceso.

 

—<< ¡oye Luis! ¿te has enterado? —dijo Juan con cara de asombro.

—¿de qué? —contestó Luís mientras exhalaba el humo de un cigarrillo negro.

—han encontrado a Velasco muerto dentro de su coche cerca de una gasolinera. Tenía una bala incrustada en su cerebro y sus atributos masculinos dentro de su boca. Todo indica que fue un crimen pasional—exclamó Juan divertido y riéndose por lo bajini.

—¡no me jodas! ¿Y, a qué hora fue eso? —respondió Luís casi riendo.

—a las nueve de la noche—dijo Juan, lacónico.

—No puede ser. Yo lo vi tomándose una cerveza con una rubia a las diez menos cuarto de la noche en el bar de la gasolinera—contestó Luís sin ningún convencimiento.

—Bueno según el forense, Velasco ya estaba muerto a esa hora—contestó Juan acercándose el texto a la altura de sus ojos.

—¿Seguro que era Velasco? —cuestionó Luís.

—Sí, ¿Por qué? Perdona… ¿cuantos Velasco conoces tú? —interpeló Juan maliciosamente y saltándose el guion>>.

—Un momento parad. El texto dice: “Sí, ¿por qué?”, no dice nada de: “¿Cuántos Velasco conoces tú?” … a ver si nos centramos—interrumpió Enrique anticipando lo que iba a pasar en los momentos siguientes.

Enrique, había elegido a estos tres presos porque les pareció los más indicados y sensibles para interpretar este pequeño texto, extraído de una novela policiaca que había escrito hacía ya unos cuantos años. El único cambio que hizo a petición de los actores, fue cambiar el nombre de los protagonistas, para que se sintieran más identificados, pero no contaba con el nivel de testosterona y adrenalina acumulada en la mente de aquellos actores noveles.

—es que me ha hecho gracia incorporar esto al texto—soltó Juan con cierto desparpajo.

—vale, pues yo también improvisaré y diré: “como no me voy a acordar, Velasco es el que te dejó el culo hecho un asco” ¿te parece bien? Puestos a improvisar—dijo furibundo Luis.

—ja, ja, ja, que gracioso, pero te equivocas *perra, el culo lo pusiste tú y la polla te la metió Velasco. Eso todo el mundo lo sabe ¿no Velasco?

—¡a ver chicos!, —exclamó enfadado Enrique, temiendo que aquello se le escapara de las manos—si no sabéis distinguir entre realidad y ficción…lo dejamos aquí…—titubeó unos instantes y continuó— …me busco otros protagonistas y punto.

—no, venga continuamos, por favor Enrique. No te preocupes por estas *perras chivatas que yo las controlo, pero si me permites te diré que cambiaría lo de “atributos masculinos” ten en cuenta que estamos en una prisión, por lo tanto, debe ser un lenguaje carcelario. Ha de sonar más real—intervino Velasco que ya estaba caracterizado para el papel de víctima con el cráneo atravesado por una bala.

—ya, te entiendo, pues que lo digan como crean conveniente…—finalizó Enrique cediendo en ese punto.

—y otra cosa—interrumpió de nuevo Velasco—si me ha asesinado una rubia en el coche, ¿sería posible que eso sucediera después de follar con ella? Quedaría más creíble ¿no?

—Sería más real, pero no va a ser posible Velasco. No está en el guion y tampoco vamos a traer ninguna rubia y …ninguno de vosotros se va a poner peluca—dijo exasperado el asesor, mirando a Luis y a Juan.

—Ok. Sigamos donde lo dejamos antes, pero esta vez con más credulidad ¿de acuerdo Juan? —sentenció Enrique.

—De acuerdo—<<Sí ¿Por qué?>> —dijo Juan poniendo cara de sorpresa, pero luchando por no reírse de nuevo.

—<<porque una hora más tarde—respondió Luis— lo vi tomándose una cerveza rubia con una mujer y…>>—

—¡No, no, no y no! —volvió a interrumpir Enrique—Luis, no es eso lo que dice el texto. El texto dice: “lo vi tomándose una cerveza con una rubia”, ¿vale? —dijo enfadado.

—Es que esta *perra chivata no se entera. Desde que le dio por c…—empezó a decir Juan.

—¡Para Juan!, ¡por favor calladito!, ¿ok? —dijo cansado Enrique.

Después de una hora de ensayo en la que Enrique tuvo que hacer repetir en más de veinte ocasiones el pequeño pero trabado texto a uno y a otro, por fin llegaron al sencillo final en el que Juan le hace una pregunta a Luis.

—<< ¿Oye Luis tú sabes que esta madrugada cambiaron la hora y que cuando eran las tres serían las dos? —le dijo Juan leyendo el texto de la obra que interpretaban y haciéndole señas a Luis para que se ciñera al mismo.

—No, no lo sabía—dijo Luis poniendo cara de tonto, como le decía el guion.

—Ahora mismo son las doce del mediodía ¿Qué hora tienes tú Luis? —le preguntó Juan.

—Yo tengo las once—dijo Luis mirando su reloj de pulsera.

—pues ahí tienes la clave—dijo Juan.

—¡ah, claro!>> —dijo Luis sorprendido.

–Muy bien chicos, mañana lo ensayaremos otra vez y el sábado haremos la función delante de todos vuestros compañeros—dijo Enrique.

—¿y yo que hago? —dijo desanimado Velasco por no tener más protagonismo.

—¡Tú!, nada, ya has dado bastante por culo. Zanjó Enrique.

 

 

 

 

*perra o perra chivata: palabra utilizada en el argot carcelario para definir a una persona gay.